En dos años, más de 36.000 quioscos cerraron en Argentina. La Unión de Kiosqueros Argentinos (UKRA) estima que cada día cierran 50 locales. Los comerciantes se enfrentan al dilema de aumentar precios y perder ventas, o mantenerlos y descapitalizarse. Para sobrevivir, muchos recurren a vender productos adicionales al costo, una estrategia que mantiene el flujo de clientes pero destruye la rentabilidad a largo plazo.

Durante décadas, el quiosco era el único lugar donde se conseguía golosinas, cigarrillos, gaseosas y snacks en el momento y cerca de casa. Esa exclusividad desapareció. El avance de las cadenas de quioscos representa otro golpe directo. “Cada apertura de un local de cadena en un barrio arrastra el cierre de entre cinco y siete quioscos independientes del entorno” describe Acuña.

La UKRA reclama una ley de proximidad que impida la instalación de otro quiosco a menos de 100 metros de uno existente, y una norma de exclusividad de productos que restrinja a farmacias, supermercados y otros rubros la comercialización de golosinas, cigarrillos y bebidas. “Si a nosotros no nos dejan vender remedios ni carne, entonces que los otros comercios no vendan nuestros productos”, exige Acuña. Mientras tanto, los quioscos siguen cerrando. Muchos ya son atendidos únicamente por sus dueños o un familiar cercano, sin empleados y con horarios recortados.

Quiosqueros tucumanos

Los quiosqueros buscan salidas con los recursos que tienen. En el microcentro tucumano, Iván Maidana, ubicado en calle Salta 213, expandió su negocio con venta de fiambre, panchuques, panadería y artículos de almacén. Y afirma que una diferencia de apenas $100 en el precio puede hacer que un cliente vaya al próximo quiosco. Jonathan Lazarte, quien tiene su local a pocos metros de Maidana, aplica también promociones en época escolar combinando panchos con gaseosa a precio accesible para los chicos.

La compra por palet o por caja cerrada pertenece al pasado. Muchos solo pueden adquirir mercadería por fardo o en cantidades fraccionadas, lo que encarece aún más el costo unitario.

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El más nuevo en sumarse es Laut Market, inaugurado en diciembre del año pasado también sobre calle Salta. Su dueño destaca que saber administrarse es tan importante como cualquier otro factor, y encuentra en el fraccionamiento de golosinas una forma de atraer clientes que buscan precios sin renunciar a la variedad. Con su local aún en expansión, representa una excepción en un panorama de repliegue generalizado.

Caída del consumo

Marcelo Carmena, propietario de Tucumán Kiosko y McKio, comenta que la caída de consumo “se debe a la existencia de una crisis y una suba de los costos tributarios como IVA y servicios”. Frente a esto plantea que “se hace muy difícil sostener el costo de los alquileres. El quiosco siempre es un lugar de cercanía. Al tener los costos de servicio muy altos, los quioscos se descapitalizan. Y cuando ocurre esto, no le queda otra que cerrar.”

Estos cierres de puntos de ventas “vienen desde principios del año pasado”. En un quiosco ubicado en un punto céntrico, el costo de alquiler y la electricidad “inciden profundamente, lo que imposibilita conservar el negocio o mantener los precios. Y esto es una constante que está sucediendo”.